martes, 7 de octubre de 2008

LA TELEVISION Y SUS EFECTOS PSIQUICOS

En este breve ensayo, el Dr. JOSE RICARDO SAHOVALER explica el rol que desempeña la televisión en la actualidad y como las personas se vuelven adictas a los efectos de la pantalla




Vivimos en un mundo donde se acabó el silencio. Tratemos de aislarnos de la radio, de los periódicos o de la TV; es imposible en la ciudad. Y si logramos hacerlo, yéndonos al campo más solitario, al segundo día entramos en un síndrome de abstinencia que nos obliga a correr al primer centro poblado a fin de conectarnos, de enchufarnos, de recibir la dosis mínima de TV o de información necesaria: es que estamos viviendo en la “era de la comunicación”.


Los niños ven un promedio de 4 horas diarias de televisión. Su tiempo esta dividido en tiempo de escuela, tiempo de dormir y tiempo de TV. Reúnan a 3 o 4 niños de 9 o10 años en una casa y véanlos jugar: habrá, tal vez, algún juego físico y luego se sentarán frente a la computadora mirando la pantalla, esperando pacientemente su turno para usar los controles. También es posible que alquilen algún vídeo o simplemente miren TV. Observemos a nuestros adolescentes y preguntémonos por el fenómeno musical: se estudia con música, se come con música, se viaja con música, se habla con los walkman puestos, se hace el amor al ritmo del rock.
Esta “vídeo-cultura” en la que estamos inmersos debe ser pensada como generadora de una nueva discursividad y por consiguiente constructora de una nueva realidad. El cambio de discurso, la aparición de un discurso de la Imagen, el desenvolvimiento de la vídeo-cultura está determinando la instauración de una nueva realidad que en este mismo momento se está construyendo y nos está constituyendo. Sin esta comprensión de que se está viviendo el parto de una nueva realidad donde lo escópico tiene preeminencia, infinidad de manifestaciones culturales como los video-clips, la moda del tatuaje (donde la piel se convierte en una pantalla para ser mirada) o los nuevos juguetes, sean monstruos horrorosos o jueguitos de computadora no podrán ser cabalmente comprendidas.

Diré entonces, con Guy Debord: “Toda la vida en las sociedades donde rigen las condiciones modernas de producción se manifiesta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que antes se vivía directamente, se aleja ahora en una representación... El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre las personas, mediatizada a través de imágenes”.
Pero vayamos ahora a desarrollar algunos de los efectos del impacto mediático sobre el aparato psíquico. En esta oportunidad me dedicaré a la televisión, tratando de no emitir juicios de valor.
Sabemos que la TV es un poderoso instrumento para la difusión de cultura, de información y de entretenimiento. También un poderoso instrumento para el ejercicio del poder (la video-política está a la orden del día). La TV es el mayor productor de cultura anónima así como el mayor transformador del habla cotidiana. La TV ha cumplido y cumple un importante papel en la manipulación de masas, la creación de falsos ideales y la mercantilización de las relaciones humanas.

EFECTOS PSIQUICOS DEL IMPACTO MEDIATICO

1) El medio es el mensaje. Es mucho más importante el efecto del medio, de la tecnología, de la forma televisiva que es una constante, que del mensaje a transmitir que es una variable contingente. El medio no es bueno ni malo, simplemente no es neutro: produce efectos en el psiquismo, modelándolo. En la TV tiene mayor importancia la forma que el contenido, la imagen que la palabra, la apariencia que el fondo.

2) El aplanamiento psíquico (Meltzer) que la TV induce, produce un efecto hipnótico en un alto número de personas. Este efecto hipnótico se expresa en la deconstitución del tiempo como registro, en el pasarse horas y horas mirando programas que no interesan. La autohipnosis televisiva implica una percepción sin conciencia y se acompaña con un fantaseo disociado e improductivo (Winnicott).

3) La hiperestimulación sensorial que promueve la TV puede ser equivalente a la sobreestimulación que producen las drogas. Las drogas, al igual que la TV, promueven una mayor investidura en el sistema Percepción-Conciencia en detrimento del registro representacional y del pensamiento. Al ofrecer permanentemente objetos de un modo cuasi alucinatorio, la TV ataca la posibilidad de pensar. Existe la adicción a la televisión y es posible pensar un síndrome de abstinencia a la TV: basta ver el escándalo que se produce cuando se le apaga la TV a los niños.

4) La TV necesita desesperadamente convocar a la atención del telespectador. Cualquier recurso es válido. Desde el “no me dejen sólo” hasta elevar el volumen de la transmisión, la misión principal de la televisión es la de no ser apagada.

5) Una TV siempre prendida puede servir de envoltura continente donde una falsa independencia del objeto es reemplazada por una dependencia a la TV. La TV puede funcionar también como soporte y productor de excitación sexual.

6) La TV induce un pasaje del ver activo al mirar pasivo. El voyeurismo televisivo, donde uno se reencuentra con sus deseos exhibicionistas, acaba por aislar la televidente que queda fascinado con la imagen que la TV le regala de sí mismo. Cuanto más elemental y sencillo es el discurso, cuanto más repetitivo y sin sorpresas, mejor. El efecto de pasivización conlleva el desinvestimiento del cuerpo. Llamativamente los programas más vistos son los programas deportivos: otros, los mejores deportistas, son los activos y nos invitan a identificarnos con ellos sin movernos de nuestros sillones.

7) Sí la realidad es una construcción del discurso, cabe que nos preguntemos cuál es la realidad que construye la TV. ¿Acaso es posible pensar que los eventos que no tienen prensa no existen? Esta construcción de una realidad mediática ha transformado la política en una video-política.
Desde la perspectiva política es dable suponer que muchas de las acciones que nos conmocionan sólo tienen sentido en tanto y en cuanto adquieran realidad mediática: ¿habría tenido sentido el atentado contra la AMIA si éste no implicase una transmisión instantánea a lo largo del planeta?

8) Aquello que aparece en la pantalla tiene a generar un efecto identificante, obligando al sujeto a una adaptación de su imagen corporal al ideal ofertado televisivamente. El rostro y el cuerpo del otro significativo ha dejado de ser el punto de referencia en la que buscamos reencontrar nuestra propia imagen y hemos pasado a buscar en la fría pantalla televisiva el centro de nuestro anhelo identificante. La epidemia bulímica y anoréxica debe gran parte de su difusión a la violencia que la TV ejerce, marcando el cuerpo adolescente con ideales inalcanzables.

9) La sola aparición televisiva ubica a cualquier personaje en el lugar del ideal del Yo. Si durante siglos la letra escrita, por su mera presentación impresa adquiría valía: “lo dicen los libros”, hoy día cualquier cosa que aparezca en la pantalla adquiere el mismo valor: “lo dijo la televisión”. La ubicación del ideal del Yo en el discurso televisivo sirve a los fines de difusión de ideales políticos y propagandísticos de lo más diversos.

10) El pensamiento se ve afectado por la TV. La televisión ofrece pensamientos que no sirven para ser pensados. La velocidad televisiva atenta contra la lógica reflexiva generando una regresión del pensar al mero representar.



Estos 10 puntos son algunas de las cosas que nos suceden cuando nos sentamos frente al televisor. Desde ya, no le sucede lo mismo a todo el mundo ni en el mismo momento: todo depende de la estructura psicopatológica y del momento vital de cada tele-espectador.



Bibliografía

BION, W.R.: “Aprendiendo de la Experiencia”. Paidós Barcelona 1980
FREUD, S.: ”Obras completas”
MELTZER D.: “Exploración del autismo; un estudio psicoanalítico”. Paidós 1979
NEGROPONTE N.: “Ser digital” Atlántida 1995
SAHOVALER J.: “Psicoanálisis de la televisión”. El Otro 1997