lunes, 3 de noviembre de 2008

La Web multiplica los contactos pero no fortalece los vínculos

Internet tiende a crear lazos efímeros, que suelen desintegrarse en poco tiempo

Por: Gisele Sousa Dias


Allá lejos y hace tiempo, empezar a conocer a alguien requería un amplio dominio del cuerpo. Meter panza. Comer un chicle. Arreglarse, pero no tanto. Acá cerca y ahora, la seducción y la conquista del territorio suelen empezar a construirse monitor de por medio. Pero, ¿qué pasa cuando se intenta trasladar esa relación virtual a la vida real? Aunque hay excepciones, esa pseudo-intimidad que se construyó a la velocidad de la tecnología es tan efímera que suele desintegrarse en poco tiempo. Los especialistas arriesgan motivos. Dicen que cada parte crea con su teclado personajes de ficción: se vende como un ideal, compra un ideal. Pero que, en el encuentro físico, aparecen las barreras del cuerpo: qué tal huele, cómo nos mira, eso a lo que llaman piel. Y que esa fantasía, cuando choca con la realidad, tiene los días contados.

Pensemos en dos personas que se conocen, intercambian sus correos electrónicos, construyen durante semanas un vínculo que va creciendo en intensidad hasta que un buen día, deciden concretar: "Mientras la relación es virtual, al no existir las barreras de selección del cuerpo, las partes van creando una película de ellos mismos. Pero cuando se llega al encuentro, se ponen en juego diferencias imposibles de desmentir: si hay piel o no, si nos gusta o no su olor, la posición desde la que nos habla (si es un lastimoso, si es soberbio) y hasta aparece el efecto que ejerce sobre nosotros la mirada del otro: si es penetrante, si es esquiva", arranca Stella Maris Rivadero, psicoanalista del Centro Dos. "Pensemos que en un mail o en un mensaje de texto, uno puede pensar cada palabra que va a escribir y hasta usar un corrector para que parezca que no cometemos faltas de ortografía. El encuentro real no permite tantas chances de fantasear: si detrás de la pantalla uno crea una imagen ilusoria propia y del otro, es natural que apenas se cruza al mundo real, aparezca la desilusión".

Diego Levis, doctor en Comunicación, docente de la UBA y autor del libro "Amores en Red", va por el mismo camino: "Cuando se sientan frente al teclado, los dos construyen una especie de personaje literario en base no sólo a quiénes son sino a quiénes desearían ser. Así aparece esa idealización que tan poco tiene que ver con las personas reales". Levis está convencido de que "vivimos en una sociedad que se cierra cada vez más sobre sí misma y en la que hay cada vez menos empatía entre las personas". Ejemplifica: "En una conversación mediada, lo primero que se pierde es el lenguaje corporal. En un chat, intenta reemplazarse con emoticones para mostrar si estamos contentos o enojados. Será por eso que muchas veces se produce un choque cuando en la interacción real aparece el cuerpo". "Hasta en los encuentros cara a cara sostenemos máscaras. Imaginemos la doble máscara que nos cubre cuando estamos detrás de una máquina", dice la psicóloga Mónica Rosemberg.

"Cuando se edifica una relación vía mail, uno plasma el ideal pero, a la cita viene el real. Es natural que las relaciones duren lo que dura la fantasía". Y lo que allá lejos y hace tiempo parecía inimaginable, ocurre: muchas relaciones, en vez de terminar con una charla sincera, terminan con un mail poco espontáneo. Lo que también diferencia a estos mundos es la noción de tiempo: "Los tiempos son distintos a los de una relación física. Detrás de una pantalla uno se atreve a decir cosas que personalmente le habrían llevado más tiempo. Así, las dos personas se encuentran creyendo haber atravesado ciertas etapas, pero lo cierto es que no pasaron por ese proceso interno en donde uno va viendo cómo es el otro, si le genera confianza", dice Pedro Horvat, psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanalítica argentina. "Así se genera una supuesta intimidad, por eso es frecuente que el primer encuentro en la vida real sea directamente sexual", sigue Horvat. "Pero el asunto no es meterse en la cama del otro sino levantarse al día siguiente. Cuando uno se levanta empieza a encontrarse con un sujeto real al que no conocía. Es ahí que se ve lo que en verdad había: una ilusión de intimidad".


Fuente: Clarín - 29 Agosto 2008