lunes, 23 de marzo de 2009

Crece el "ciberhostigamiento" entre los chicos y adolescentes

¿ES EL CIBERBULLYING UNA VARIANTE DEL ACOSO ESCOLAR AGRAVADA POR EL ALCANCE QUE TIENEN LAS TICs? ¿CÓMO ABORDAR EL PROBLEMA CON ACOSADORES Y ACOSADOS?

"Lo hacen para divertirse más que por maldad, pero no entienden el sufrimiento del otro".

La era 2.0 ha borrado fronteras que en épocas no muy lejanas parecían murallas consolidadas. En estos tiempos de interconectividad desde y hacia cualquier punto de la Tierra, la intimidad parece un derecho de otro siglo. Todo lo cotidiano sigue su curso cuando se enciende la PC y es ahí que entonces la vida online puede transformarse en un padecimiento, sobre todo para los chicos y adolescentes.
Psiquiatras, padres y maestros coinciden en un dato que les preocupa: son cada vez más los casos en los que el hostigamiento entre pares no acaba en aulas, esquinas o vestuarios, sino que continúa en Internet. Y cada vez son más los chicos que lo sufren. El chat, las redes sociales, fotologs e incluso los mensajes de texto (SMS) se han convertido -también- en nuevos espacios de agresión en los que unos intimidan a otros. El caso de G., de 11 años, lo demuestra: el chico recibió simultáneamente varios SMS de "amigos" con cargadas por su estatura. Otra vez, vio en el blog de fotos de un compañero una foto suya trucada para ridiculizarlo. G. no pudo más que sentirse solo y apartado; ahora, además, la humillación es pública.
"Lo mismo que pasa en el aula, en el club o en el barrio, pasa en el chat. Antes eso se terminaba cuando el chico entraba a su casa o cambiaba de lugar. Ahora el problema es que llega a la casa, se conecta y ya le dicen de todo", comentó Flavia Sinigagliesi, pediatra del Equipo Bullying Cero, del Centro de Investigaciones del Desarrollo Psiconeurológico.
Bullying es el término en inglés para definir al acoso entre pares. El cyberbullying (acoso cibernético), entonces, es un problema que no sólo padecen los adolescentes argentinos. Canadá y España, por caso, son países donde el fenómeno preocupa. Pero como la web no tiene fronteras, aquí y allá las maneras son las mismas. El video es uno de los soportes donde más se difunde el hostigamiento. Es muy sencillo encontrar en YouTube peleas o palizas en colegios o plazas. "Se matan. No sólo compiten por ser más populares, sino que ahora está esto del insulto y las peleas. Generalmente, lo hacen para divertirse más que por maldad, pero no entienden el sufrimiento del otro", comenta María Cáceres, una chica de 17 años, que ve cómo esto ocurre alrededor suyo todo el tiempo. Nativos de la generación 2.0, los "Emos" y los "Floggers" son el blanco preferido para el castigo por su alta sociedad con Internet. Tanto, que sitios como Fotolog empezaron a bloquear páginas dedicadas al acoso hacia ellos. La red también sirve para continuar con agresiones que comenzaron cara a cara. El caso de Kevin Leguizamón, un chico de San Isidro golpeado a la salida de la escuela en abril, tuvo sus capítulos por mail.
"El bullying con todas sus variedades, incluyendo el cyberbullying, es una forma de abuso muy tóxica. Siempre ocurrió en recreos, colonias de vacaciones, entre deportistas, cárceles y sobre todo con miembros jóvenes de las fuerzas armadas", detalla Jorge Srabstein, médico argentino, profesor de Psiquiatría en la Universidad George Washington, de Estados Unidos. Srabstein entiende que el "ciberhostigamiento" agudiza el problema: "La víctima está avergonzada delante de todo el mundo, literalmente, y hay mucho anonimato".
Este agobio es traumático en los chicos. "El bullying es un factor de estrés muy importante que termina siendo crónico y puede terminar con trastornos psiquiátricos. Empieza con dolor de cabeza o estómago, trastornos de ansiedad, fobia y depresión", explica Sinigagliesi.
Sin embargo, los problemas no son sólo para el que recibe el daño. "Es importante saber que los riesgos de salud afectan también a los ?buleros'. No hay que castigarlos, sino ayudarlos a desarrollar empatías y sensibilidad", reflexionó Srabstein. CC

Fuente: Diario Los Andes 21 de mayo de 2008